Cómo es un encuentro, qué pasa entre uno y otro, qué materiales vas a tener en la mano y cómo se ve el recorrido completo de las doce semanas.
Nos vemos por videollamada, vos desde tu casa y yo desde mi consultorio. Te mando el enlace y entrás con un clic: no necesitás instalar nada ni saber nada de tecnología.
Cada encuentro dura alrededor de una hora y es uno a uno. No hay grupo, no hay nadie más escuchando, no hay que exponerse delante de nadie.
No son clases. Son conversaciones: yo escucho mucho más de lo que hablo, y a partir de lo que traés vamos definiendo por dónde seguimos. Por eso ningún proceso es igual a otro, aunque el recorrido general sea el mismo.
Al final de cada encuentro salís con algo concreto para trabajar hasta la próxima vez. Nunca con una lista de deberes: con un solo paso, del tamaño que podés sostener.
Jorgelina Mainero
Así es cada encuentro: solamente vos y yo, una hora, desde donde estés.
Nueve encuentros repartidos en tres bloques, más la preparación y el seguimiento.
Recibís el kit de preparación y escribís El Pacto. Llegás al primer encuentro sabiendo hacia dónde vamos y por qué.
Dejás de pelear y empezás a observar. Qué comés, cuándo, y sobre todo qué está pasando alrededor cuando pasa.
Aparece el origen: lo emocional, lo aprendido y lo que viene de tu historia familiar. Es el bloque más profundo.
Lo que entendiste se vuelve forma de vivir y no esfuerzo. Acá se juega que el cambio quede cuando yo ya no esté.
Nos volvemos a encontrar tres meses después para revisar cómo seguiste sola.
Sobre la semana cinco. Hay un punto del recorrido, más o menos a la mitad, donde casi todas quieren aflojar. No es casualidad: es justo cuando aparece de verdad aquello que veníamos buscando. Está previsto en el diseño del programa, y ahí es donde más cerca estoy.
Todo esto lo escribí yo, para este programa. No es material comprado ni descargado de ningún lado.
59 páginas propias con las herramientas, las bitácoras semanales y las prácticas de cada bloque.
Las preguntas que nunca te hicieron: tu primer recuerdo, cuándo empezó la preocupación, tu primera dieta. Acá empieza todo.
Ocho indicadores del 1 al 10 al empezar. Volvés a completarlos al final y ahí ves, en números, todo lo que cambió.
La ansiedad, el enojo, la culpa y el hambre física no se sienten en el mismo lugar del cuerpo. Aprender a distinguirlos cambia todo.
No es un conteo de calorías. Es qué comiste, cuánta hambre tenías antes, y cómo te sentías antes y después. Ahí es donde aparecen los patrones que nunca habías visto.
Todo escrito por mí, para este recorrido.
Lo recibís antes del primer encuentro, para llegar preparada y no a ciegas.
Lo escribís de tu puño y letra al empezar. Es el ancla a la que volvemos cuando el camino se pone cuesta arriba.
Tu punto de partida por escrito. Volver a leerlo al final es la forma más clara de medir cuánto cambiaste.
Pasa un martes a las once de la noche. Pasa después de una discusión. Pasa el domingo, cuando baja todo.
Por eso el programa no vive solamente en los nueve encuentros. Entre uno y otro hay tres cosas sosteniendo:
Quince o veinte minutos por día. No es tarea escolar: es el lugar donde empezás a verte.
Ocho prácticas guiadas con mi voz, para los momentos en los que no podés esperar al próximo encuentro.
Podés escribirme. Te contesto yo, no un equipo. No desaparezco entre una sesión y la otra.
Un encuentro de aproximadamente una hora, y entre quince y veinte minutos por día con el Cuaderno. Es menos tiempo del que hoy pasás pensando en comida.
Lo reprogramamos. Trabajo con pocas personas justamente para poder tener esa flexibilidad.
No. Te mando un enlace y entrás con un clic, desde la computadora o desde el teléfono.
Digitales, para que los tengas al instante y puedas imprimir lo que quieras escribir a mano. Muchas eligen imprimir el Cuaderno completo.
Sí. Todo el programa es online y coordinamos los horarios según tu franja horaria.
Preguntame lo que necesites. Te contesto yo, y no te voy a insistir después.
Sacate las dudas conmigo