Raíz
Lic. Jorgelina Mainero
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La metodología

Una mirada integral y sistémica

Qué quiere decir eso en concreto, por qué la comida casi nunca es la causa, y cómo cambia todo cuando mirás desde otro lado.

Empecemos por lo obvio

Vos ya sabés qué tenés que comer. Lo sabés desde hace años. Podrías dar una charla sobre eso.

Entonces, si la información estuviera, el problema estaría resuelto. Y no lo está.

Eso significa una sola cosa: lo que falla no es lo que sabés, es lo que te pasa. Y a lo que te pasa no se llega con un plan alimentario, porque un plan alimentario no está diseñado para llegar ahí.

Toda mi forma de trabajar sale de esa observación, repetida durante veinticinco años en el consultorio.

Primera parte

Qué quiere decir integral

Quiere decir que no te miro como un cuerpo que come mal.

Cuando alguien llega a mi consulta, lo que menos me apura es la comida. Antes quiero saber cómo dormís. Cómo te hablás cuando estás sola. Qué te pasa un domingo a la tarde. En qué momento del día aparece la ansiedad y qué estaba ocurriendo justo antes. Cómo te mirás. Qué te decís frente al espejo.

Todo eso no es "contexto". Es el tema.

Porque la conducta con la comida no se explica desde la comida. Se explica desde ahí. Y mientras no mires ahí, cada plan que armes va a chocar contra lo mismo, una y otra vez.

Tu relación con la comida es un espejo de tu relación con la vida.
Segunda parte

Qué quiere decir sistémica

Quiere decir que no te miro sola.

Nadie construye su vínculo con la comida en el aire. Se construye en una mesa, en una cocina, en una casa, con gente alrededor. Con frases que escuchaste mil veces sin registrarlas: no se deja nada en el plato, cuando estés triste comé algo dulce, estás muy flaca, estás muy gorda, eso no se toca.

Muchas de las cosas que hoy hacés con la comida no las elegiste. Las aprendiste. Y algunas ni siquiera empezaron con vos: venían de antes, de tu mamá, de tu abuela, de una historia familiar que se transmite sin que nadie la nombre.

Eso es lo que mira una perspectiva sistémica: el lugar que ocupás dentro de tu historia, y qué estás sosteniendo sin haberlo pedido.

Cuando alguien ve esto por primera vez, casi siempre pasa lo mismo: se le afloja algo. Porque durante años creyó que le faltaba carácter, y de golpe entiende que estaba cargando algo que no era suyo.

Cómo se ordena todo esto

Tres capas, y solo una se ve

Cuando mirás tu alimentación, ves la superficie. Debajo hay dos capas más, y la de más abajo es la que gobierna a las otras dos.

Lo que se ve
La comida, el peso, lo que marca la balanza, lo que comiste anoche.
Acá trabaja una dieta. Y acá se queda.
Debajo
La ansiedad, la culpa, el enojo, el cansancio. Lo que sentís y no sabés dónde poner, y que termina yendo a parar a la comida porque la comida siempre está disponible.
La raíz
Tu historia. Lo que aprendiste, lo que viviste y lo que heredaste sin elegirlo.
Acá trabajamos nosotras.

Un plan alimentario opera en la primera capa. Por eso funciona mientras te alcanza la fuerza, y por eso deja de funcionar cuando la fuerza se termina: la causa nunca fue tocada.

Cuando trabajás en la tercera, no tenés que sostener nada con voluntad. Las decisiones cambian solas, porque cambió el lugar desde donde las tomás.

La pregunta que ordena todo

No es "por qué". Es "para qué".

Hay una diferencia enorme entre estas dos preguntas, y es la que más rápido cambia la conversación en consulta.

"¿Por qué me pasa lo que me pasa?" busca un culpable. Casi siempre termina en vos: porque soy ansiosa, porque no tengo voluntad, porque soy un desastre. Es una pregunta que te deja donde ya estabas, pero con más culpa encima.

"¿Para qué me pasa lo que me pasa?" busca una función. Y todo lo que se repite tanto tiempo, se repite porque cumple una función. Te está tapando algo, te está protegiendo de algo, te está sosteniendo en algún lado.

Cuando encontrás esa función, dejás de pelear con el síntoma. Y ahí recién se puede empezar a cambiar de verdad.

Lo que se repite no es un defecto tuyo. Es un mensaje que todavía no leíste.
Cómo se ve en la práctica

Recién en la tercera consulta hablamos de comida

Esto no es una frase de marketing: es literal, y es lo que más sorprende a quien llega por primera vez.

Los primeros encuentros son para conocerte. Tu historia, tus miedos, tu infancia, cómo estás viviendo esto en tu día a día. Escucho mucho más de lo que hablo.

Después, cuando ya sé quién sos, armamos la parte alimentaria. Y la armamos sin sacarte lo que te gusta: buscamos dónde acomodarlo en tu día y en tu semana, sin descuidar lo que te hace bien.

Ese orden no es un capricho. Es toda la diferencia. Un plan armado sin conocerte es un papel que vas a abandonar en tres semanas, y las dos lo sabemos.

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¿Te resonó algo de todo esto?

Contámelo. Te contesto yo, y escuchar lo que te pasa también es parte de mi trabajo.

Quiero contarte lo que me pasa