Cinco herramientas. Ninguna reemplaza a la nutrición: todas se apoyan sobre ella. Acá te cuento qué es cada una, para qué la uso y en qué momento del programa aparece.
Soy licenciada en Nutrición y esa es la base de todo. Lo que sumé en veinticinco años son formas de llegar a lo que un plan alimentario, solo, no alcanza a tocar.
Es aprender a comer prestando atención a lo que pasa mientras comés, no solo a qué comés.
La mayoría de las personas que llegan a mi consulta comen en piloto automático: paradas frente a la heladera, mirando el teléfono, en tres minutos, sin registrar casi nada. Después no recuerdan si les gustó, ni si tenían hambre, ni cuándo se llenaron. Comieron, pero no estuvieron ahí.
La nutrición consciente devuelve esa presencia. Y cuando volvés a estar presente pasan dos cosas: empezás a disfrutar de verdad, y empezás a notar la diferencia entre hambre y otra cosa.
No es relajarse ni poner la mente en blanco. Es entrenar la capacidad de frenar un segundo antes de reaccionar.
Entre lo que sentís y lo que hacés hay un instante muy chiquito. Hoy ese instante no existe: sentís algo y ya estás con la mano adentro del paquete. Todo el trabajo consiste en abrir ese espacio, aunque sea unos segundos, porque adentro de ese espacio aparece la posibilidad de elegir.
Se entrena con prácticas cortas y guiadas. No necesitás experiencia previa, ni sentarte en el piso, ni creer en nada.
Es aprender qué hacer con lo que sentís, cuando lo que sentís empuja hacia la comida.
Nadie come de más porque tiene hambre. Se come de más para calmar, para premiar, para tapar, para no sentir, para acompañarse. La comida es rapidísima y está siempre disponible: por eso es el recurso preferido.
Acá no trabajamos para que dejes de sentir. Trabajamos para que tengas más de un lugar donde poner lo que sentís. Mientras la comida sea el único, la comida va a seguir ganando.
Es lo que convierte lo que entendiste en decisiones concretas de tu semana.
Entender no alcanza. Mucha gente entiende perfectamente por qué come como come, y sigue comiendo igual. Falta el puente entre la comprensión y la vida real: qué hacés el martes a las once de la noche, cómo organizás la semana, qué pasa cuando hay un cumpleaños.
Ese puente lo armamos juntas, con objetivos chicos y revisables. Nada de metas gigantes que se abandonan a la semana.
Es mirar los patrones que vienen de tu familia y que estás repitiendo sin haberlos elegido.
Hay formas de comer, de cuidarse y de mirarse el cuerpo que se transmiten de generación en generación sin que nadie las nombre nunca. Vos las recibiste igual que recibiste el color de ojos. La diferencia es que estas se pueden ver, y cuando se ven, dejan de mandar.
Si la palabra "constelaciones" te hizo ruido, te lo aclaro: acá no hay nada que tengas que creer. No es magia, no es religión y no vas a tener que hacer nada raro. Es una forma de ordenar y mirar tu historia familiar para entender qué lugar ocupás vos ahí adentro. Nada más, y es muchísimo.
No necesitás haber meditado nunca. No necesitás saber qué es una constelación. No necesitás creer en nada en particular, ni tener ninguna práctica previa.
Yo pongo las herramientas y las traigo cuando hacen falta. Vos solo tenés que estar dispuesta a mirar un poco más allá de la comida.
Y vamos al ritmo que vos puedas. Nunca empujo hacia donde alguien no quiere ir: en veinticinco años aprendí que lo que se fuerza no se sostiene.
Escribime y lo charlamos. Te contesto yo, y no te voy a insistir después.
Sacate las dudas conmigo